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Álvaro Lozano: «Irene siempre me había parecido un personaje fascinante al que nunca se le había hecho justicia»

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¡Lectores! Hoy traemos en nuestro blog a Álvaro Lozano, autor de «Irene de Atenas» en esta fantástica entrevista. Esperamos que os guste.

La primera pregunta, es cómo te has atrevido a ambientar tu primera novela en el Imperio bizantino. ¿Qué te atrajo primero, esa civilización o el personaje de Irene? Es de valientes, porque parece que no es una civilización apreciada por los editores en España.

Pues lo cierto es que desconocía por completo el hecho de que Bizancio fuera un tema difícil desde el punto de vista editorial. A mí siempre me ha gustado mucho la historia y, en los últimos años, Bizancio ha sido mi particular obsesión, así que cuando decidí que iba a escribir una novela, tuve claro que la iba a ambientar en esa época. De ahí llegué a Irene, que siempre me había parecido un personaje fascinante al que nunca se le había hecho justicia. Quería rescatarla de su pequeño rincón en las antologías  “mujeres malas de la historia”.

En España muchos desconocen que la Renovatio Imperii alcanzó la Península, con la creación de una provincia bizantina con capital en la actual Cartagena, y el impacto tremendo que tuvo el ceremonial bizantino en el Reino Visigodo. Así que Bizancio no es una bruma a cinco mil kilómetros de aquí. Aquí llegaron dromones, aquí llegó Bizancio, y su luz entre las tinieblas de los bárbaros. ¿Qué opinas de esto?

Estoy de acuerdo contigo y he pensado muchas veces en cuáles pueden ser los motivos de este desconocimiento. Yo creo que en general se tiene una visión muy compartimentada de la historia, tanto temporal como geográficamente, y en ese sentido Bizancio y la provincia de Spania no encaja en la narrativa histórica de la península, interrumpe la línea romanos-visigodos-árabes, es una anomalía. Además, su presencia fue relativamente corta y eso hizo que no nos dejaran demasiadas evidencias físicas de su presencia. Si hubiéramos tenido aquí un San Vitale tal vez los bizantinos estarían más presentes. Sin embargo, su herencia es menos tangible y por tanto más difícil de rastrear. Y además llevan siglos siendo ninguneados sistemáticamente por Occidente

Lo cual enlaza con tu novela. Porque Irene se contrapone a la figura de Carlomagno y la creación del Sacro Imperio Romano Germánico como legítimo heredero de Roma. ¿Quizás sea esa la razón de ignorar a Bizancio, porque Europa Occidental apela a su herencia romana a través de Carlomagno, e ignora que los Romanos sobrevivieron mil años más en Constantinopla?

En parte. La coronación de Carlomagno es el primer intento de Occidente de emanciparse de los romanos orientales, y le sale bien, sobre todo culturalmente. A partir de ahí la rivalidad irá creciendo, influida en parte por las divergencias doctrinales en el seno del cristianismo, pero también por el empuje de nuevos actores como los normandos, hasta que a partir de la cuarta cruzada, Bizancio no es más que un reino decadente al que saquear y exprimir.

Irene. Una mujer que actúa como emperador, más que como emperatriz, esto es, «esposa de», «viuda de». ¿Cómo la veían sus contemporáneos?

Como una anomalía, una curiosidad de esos locos bizantinos, una oportunidad en el caso que hemos comentado de Carlomagno. Dentro del Imperio, en la corte de Constantinopla, si repasamos su historia, no es tan extraño que una mujer llegara a ejercer el poder en nombre propio. Era cuestión de tiempo en un Imperio que había visto tantos cambios de poder, donde la posición del emperador siempre era precaria, en su caso mucho más por el hecho de ser mujer. Probablemente muchos la subestimaron precisamente por eso, y acabaron encontrándose con una gobernante más capaz, más inteligente y más fuerte de lo que suponían.

Y de pronto llega de Occidente una oferta matrimonial a Oriente, a Irene. A pesar de todo, parece que Occidente buscaba una legitimación, con una unión con los bizantinos y su herencia ininterrumpida.

Eso es. El prestigio de Bizancio, a pesar de haber visto menguar sus fronteras en los últimos siglos, todavía permanecía casi intacto. Y los símbolos en esa época, igual que ahora, eran muy importantes. Por eso Carlomagno hace la oferta de matrimonio. Ella ya no hubiera podido darle hijos, lo que de verdad buscaba era ser coronado emperador de los romanos.

Está la controversia de los iconos. La emperatriz Irene fue una apasionada defensora de las imágenes religiosas, opuesta totalmente a la iconoclastia que impusieron León III el Isaurio, Constantino V y León IV, el marido de Irene. ¿Fue, además, un gesto que le dio popularidad y apoyo entre los constantinopolitanos llanos?

En la novela lo he planteado así, pero es algo un poco más complejo. En primer lugar, el cronista de la época, Teófanes, es iconófilo como ella, por lo que hay que interpretar sus palabras con cuidado, sobre todo en este sentido. Por otro lado, los iconoclastas tienen tres bastiones: la parte de oriental del imperio, el clero secular y el estamento militar, a los que se oponen fundamentalmente la parte occidental y los monjes (encabezados por el monasterio de Stoudion). El pueblo llano, aunque tendía a la iconofilia, se significaba de una forma u otra dependiendo de sus simpatías y lugar de procedencia.

Creo que no me equivoco si digo que la Alexiada, de Ana Comneno, hija del emperador Alejo I Comneno y escrita alrededor de 1148 te ha servido como inspiración para escribir tu novela, y hacerlo, además, en primera persona.

La leí por primera vez hace muchos años, y la referencia, igual que Memorias de Adriano, está ahí, pero de forma un poco vaga. Estuve tentado de volver a leerlas antes de ponerme a escribir, pero decidí no hacerlo para no “contaminarme”. Luego, cuando acabé, volví a leerlas y es evidente que hay ciertas similitudes en cuanto al punto de vista, del pero estoy contento porque es evidente que son libros muy diferentes.

Un historiador alemán apuntó una vez que para los consejeros de la emperatriz Irene, la propuesta matrimonial de Carlomagno se podría comparar como si en la Viena del s.XVIII  se hubiera sugerido un matrimonio entre la emperatriz María Teresa y el Negus de Abisinia. ¿Desde Bizancio se veía a Carlomagno como un bárbaro tosco e iletrado?

La comparación me parece algo exagerada, sobre teniendo en cuenta que en este caso hipotético, ambos reinos se encontraban separados geográficamente por cientos de kilómetros, pero algo de eso hay. Los bizantinos, por utilizar el término más extendido, eran plenamente conscientes de que eran, no meros herederos de Roma, sino la propia Roma, su continuación ininterrumpida, y como tales se tenían por culturalmente superiores. En ese sentido, Carlomagno para ellos era poco más que un advenedizo y un salvaje, pero también habían aprendido, después de más de un siglo de traumática experiencia con los árabes, a no subestimar a sus enemigos.

Irene demostró vigor para gobernar el Imperio, pero eso no impidió la contracción territorial del mismo, ni la pérdida de prestigio militar ante la constante amenaza de los búlgaros en los Balcanes de los sarracenos, fuertes en Siria, Palestina y Egipto. ¿A lo mejor ahí se originaron sus detractores?

En realidad, no hubo pérdidas territoriales significativas durante la regencia y el reinado de Irene. Llegó a un acuerdo económico con el califato que le permitió mantener el status quo en Anatolia e incluso recuperó algo de terreno en los Balcanes frente a eslavos y búlgaros. Sus detractores surgen de la facción iconoclasta y, por supuesto, como consecuencia de la muerte de su hijo.

Y claro, no de la muerte de su hijo. Hablando claramente: de su asesinato. ¿Se veía a Irene como una advenediza?

Irene era un advenediza como lo habían sido muchos otros antes y también después. Ella, al menos, era la emperatriz reinante cuando se hizo con el poder. Su particularidad, y eso no podemos obviarlo, es que era una mujer, algo que sin duda levantaba suspicacias.

Ahora vamos a conocerte mejor. Háblanos de tus inicios en la escritura, de los autores que te ilusionaron a esta aventura. ¿Cómo empezó todo?

Y ahora la primera: empecé a escribir en la adolescencia, pero antes de escribir era un lector voraz. Al resto de los niños les reñían por no leer, a mí por hacerlo demasiado rápido, así que me pasé a los libros “de adulto” muy pronto. Ahí empecé a leer novela histórica: Graves, Yourcenar, Eco (voy a reivindicar aquí Baudolino, que es espectacular y una de mis novelas favoritos) y ahí fue cuando empecé a escribir relatos que presentaba a algún concurso del instituto y luego de la universidad. Luego me empezó a faltar el tiempo, tenía que dedicar mucho tiempo a estudiar y con el MIR y demás se hacía difícil encontrar el hueco. Hasta que hace poco, con la vida ya un poco más asentada, volví a sentir esa pulsión, que en el fondo nunca se había ido, y pronto tuve claro que tenía que ser Irene.

Eres médico. ¿Dirías que en tu faceta como escritor tu día a día ha influido en tu escritura, dotándola de un enfoque quizás más humanista que a lo mejor otros colegas escritores, que son economistas, informáticos, incluso ingenieros?

Aquí me temo que voy a desmontar un mito: la Medicina es una profesión cada vez más técnica y el médico como humanista es un ejemplar cada vez más escaso. Dicho esto, creo que en ciertas cosas mi profesión puede haber influido en algunos aspectos de mi forma de escribir, y no solo en pequeños guiños más “científicos” (por ejemplo, para las enfermedades de algunos personajes siempre tengo en mente un diagnóstico plausible a partir de los testimonios de la época y a partir de ahí puedo describir mejor el proceso), sino también en la forma de entender el dolor y la pérdida como algo íntimo y cotidiano, pero también físico.

¿Cuál es tu momento favorito para escribir, tienes alguna rutina? ¿Eres un escritor que se dice de mapa, o de brújula?

Antes de empezar a escribir, durante el proceso de documentación, sí que me gusta tener clara la estructura y la historia más o menor armada, y para ello me hago algunos esquemas y demás, pero luego, cuando empiezo, no soy demasiado riguroso a la hora de seguirlos si la historia me lleva por otro camino, de hecho creo que esa es la parte que más me gusta, cuando la narración traiciona mi planteamiento inicial y me doy cuenta de que me había equivocado y la propia historia me va mostrando el camino. Así que más que de brújula o mapa, soy un escritor de inmersión, trazo un camino, pero dejo que la historia se apodere de todo y me vaya llevando a donde tiene que ir, que no es siempre donde yo había pensado que terminaría.

Ya sé que todo, o casi todo, existe también en digital. Pero si hubiera un incendio en tu biblioteca y solo pudieras salvar un libro impreso, sólo uno, ¿cuál sería?

Yo creo que me daría para salvar 4 o 5, pero si solo tengo que elegir uno me quedo con El gran momento de Mary Tribune, de Juan García Hortelano.

La última pregunta. ¿Tienes una cita o frase que te inspire cada día?

Soy poco de frases inspiradoras, pero hay dos que digo mucho, ambas apócrifas o de autoría cuando menos dudosa:  “Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible” y “ lo más seguro es que quién sabe”.

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