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NAZARÍ. Mario Villén responde a Blas Malo

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Estos últimos días Blas Malo ha leído NAZARÍ, la nueva novela de Mario Villén Lucena, y le ha entrevistado para conocer algo más a fondo los entresijos de la novela y del proceso creativo de su autor. La situación actual ha impedido un encuentro cara a cara (que tienen pendiente para hablar de Granada, la Edad Media, la situación editorial y más cosas), pero por medio de la tecnología todo es posible. Mario Villén desde Málaga y Blas Malo desde Granada han plasmado en sus preguntas y respuestas una entrevista amena e inteligente.

NAZARÍ es la tercera novela Mario Villén Lucena. Antes publicó con buenas críticas El escudo de Granada y 40 Días de fuego.

Esperamos que os guste.

BM. Lo primero que descubro es una afinidad con tus dos otras novelas: comienzas construyendo la pequeña historia no contada (o despreciada por las fuentes) para enlazar finalmente con la Historia, así, con letra mayúscula. ¿Puede ser una de las características propias? Y además, corrígeme, entiendo un posible motivo: lo que la Historia no recoge, puede ser material y lugar para que el escritor novele a su gusto. ¿Buscas esa libertad?

MV. Aciertas. Esa intrahistoria, o historia pequeña, me fascina. Puede que sea por mi formación como sociólogo. Además, me permite crear la ficción con más comodidad cuando necesito introducir ciertos acontecimientos personales. También recurro a esa libertad para cubrir las lagunas de los personajes históricos. Normalmente la historia los define a pinceladas, que dejan muchos huecos para la libertad creativa.

BM. Dos personajes son los fundamentales, Muhammad ibn al-Ahmar y su abuelo Asquilula. No sé si has encontrado la información que pensabas encontrar a la hora de construirlos. ¿Qué parte tienen de realidad y qué parte de ficción?

MV. La documentación sobre Ibn al-Ahmar y su entorno es escasa y confusa. Incluso hay quien cuestiona la relación de parentesco entre Asquilula y él. He recurrido a la corriente más seguida, y a mi propia sensatez. Lo que sí afirman con rotundidad las fuentes es que Muhammad era austero, un guerrero de frontera que gustaba de usar la maza en batalla, un sayj (líder reconocido por su comunidad), con orígenes humildes como trabajador de la tierra. Sobre esos rasgos he construido al personaje. Las fuentes también recogen la tutela que sobre él ejerce Asquilula en su camino hacia el emirato.

BM. ¿Crees que puedo definir tu novela como orgánica? Quiero decir. Un reino y una dinastía no se realiza de la noche a la mañana. En tu novela se muestra esa progresión poco a poco, latido a latido. A veces con avances, otras con retroceso, a veces con vida y muchas veces con muerte. Y a lo mejor esa muerte es lo que acaba justificando esa necesaria pasión por vivir: la vida es breve. Qué me dices a esto.

Yo sí la definiría como orgánica, priman los personajes y el realismo. La suerte que he tenido con esta historia es que no he tenido que renunciar al realismo para mostrar acontecimientos potentes. La época es convulsa y está plagada de sucesos a mayor y menor escala. De esta manera pude ser fiel al momento histórico y buscar ese realismo que tanto me gusta, novelando una historia que, para mí, no deja de ser apasionante.

Vida y muerte están tratadas en numerosas ocasiones y desde diferentes perspectivas, marcando la personalidad de los personajes. Como nos ocurre a nosotros mismos en el presente. Son temas que siempre nos han condicionado como personas.

BM. Aparecen otros protagonistas en la novela. Ibn Hud, Berenguela y su hijo Fernando, como más históricos. Luego hay un puñado de personajes femeninos. Vemos que los hombres forjan la Historia, pero las mujeres forjan a los hombres, en primer lugar porque los paren. Por un momento se me aparecieron ensoñaciones de la Grecia Antigua, con Esparta. ¿Sin mujeres no hay hombres, sin hombres no hay Historia?

MV. Ése es un aspecto de la importancia de la mujer en la novela. Pero tampoco hay que olvidar que Berenguela, por ejemplo, era reina a la par que su hijo Fernando, y que fue ella la que consiguió su reinado. En este caso no tenemos sólo a una mujer que forja a un hombre, sino a una mujer que gobierna, que orquesta la unificación de Castilla y León y que, cuando consigue que Fernando sea rey, se reserva el derecho de decisión. En la novela hay mujeres protagonistas por sí mismas, no sólo en referencia a un hombre. Otra cuestión es cómo las trata la historia, escrita por hombres. Todos conocemos a Fernando III, pero pocos conocen a Berenguela… Bastante sintomático.

BM. Ibn Hud es un personaje al que hubiera dado más páginas, a mi gusto, porque narrando su ascensión y decadencia a la nada lo contrapones a la ascensión de la nada al todo de Muhammad ibn al-Ahmar, o dime si no lo he interpretado bien.

MV. Ibn Hud fue un sueño dorado que terminó en pesadilla. Su importancia radica en ser el detonante de un gobierno andalusí para al-Andalus. Era excelente como líder militar en su tierra natal, pero un pésimo emir. El emirato le venía grande y cometió importantes fallos estratégicos. A pesar de esta importancia, no deja de ser un personaje secundario, que sirve para justificar la reacción de Arjona encumbrando a Muhammad. Tiene sus páginas dedicadas, y podría tener más, pero no ha pasado a la historia como un gran emir.

BM. ¿Por qué Arjona y Asquilula / Muhammad? ¿Por qué no Cabra, o Sevilla? Me refiero, con la desintegración del imperio de Marrakech, ¿se dieron más casos de cabecillas locales alzándose, en busca de un crecimiento de su influencia territorial y política? ¿Qué crees que hizo que Muhammad triunfara y otros no?

MV. El secreto de su éxito está sin duda en su extrema habilidad diplomática e inteligencia. Muhammad supo negociar cuando fue necesario, algo que no comprendieron los demás. Ibn Hud se ofuscó en su postura de enfrentamiento abierto, sin tomar conciencia de que era el pez pequeño del estanque. Esto lo comprendió perfectamente Muhammad, y estableció las bases de una relación de su emirato con Castilla que le permitió subsistir durante más de dos siglos y medio.

BM. Granada sale en la novela, pero me hubiera gustado más narración sobre qué encuentra Muhammad cuando llega. ¿Cómo era la Granada del s.XIII? ¿Era una ciudad decadente, dividida también por luchas internas? ¿Rememoraba su pasado zirí con añoranza, se comparaba con la antigua Elvira, capital que fue de la cora?

MV. La Granada del siglo XIII llevaba siendo gobernada por los almohades muchas décadas. La estructura de la ciudad seguía siendo la zirí, como se refleja en la novela. Se gobernaba desde la alcazaba vieja (en el corazón del actual Albaicín) y conservaba las murallas de la medina. Pero en esta época ocurren tres sucesos importantes que modifican su fisonomía: las tomas de Baeza y Úbeza y la decisión de Muhammad de construir una nueva alcazaba en la Sabika. Los exiliados de Baeza y Úbeda, en su mayoría, se asientan en un pequeño arrabal llamado Albaicín, que pronto se convierte en un gran barrio que llegó a tener su propia aljama.

Sobre las divisiones internas, afloran con cada movimiento político: cuando Ibn Hud se alza, cuando Muhammad es proclamado emir en Arjona… Como en todo al-Andalus, ante una nueva situación de poder, hay partidarios y detractores. El pueblo granadino tuvo que alzarse contra su gobierno hudí para proclamarse súbdito del nazarí.

BM. En la novela los musulmanes relevantes en tierra de frontera son capaces de expresarse en romance, pero los castellanos relevantes no hablan en árabe a sus mandatarios homólogos. ¿Es una expresión de la dominancia castellana, leonesa y aragonesa sobre toda al-Ándalus; y a lo mejor señal de esa decadencia andalusí, aceptada o no, pero impuesta por la realidad que era que ya no había expediciones de castigo a Santiago de Compostela como en los buenos y lejanos tiempos de Almanzor?

MV. Por supuesto, quien domina impone su lengua. Y lo digo así, como afirmación general, porque sigue pasando. En al-Andalus se conocía el romance por parte de la población como lengua aceptada para los intercambios en la península. El pueblo llano, en muchas ocasiones, ni siquiera hablaba el árabe, o hablaba un mal árabe, contaminado por el romance. Ocurre al contrario de lo que planteas en la pregunta, en realidad, los musulmanes relevantes son los que dominan el árabe. El pueblo llano se expresaba en general en romance.

BM. La pregunta final, teniendo en cuenta el final, ¿te planteas una continuación o saga? Porque novelas el inicio de la dinastía Nazarí, pero hasta que acaba pasan más de doscientos años. Mucho que contar, ¿no?

MV. Mucho que contar, y también mucho que ya ha sido contado. Me llama la atención todo el periodo nazarí. De hecho, tengo otro texto ya escrito. Pero la originalidad de Nazarí radica en que el origen de la dinastía no había sido narrado aún.

Ahora mismo estoy inmerso en un proyecto diferente, pero algún día volveré a al-Andalus…

Conoce más sobre la novela aquí:

https://www.edhasa.es/libros/1212/nazari

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