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La Edad de Piedra (tecnológica), por Blas Malo

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Lo ha dicho muy bien Arturo Pérez-Reverte hoy en Zenda: no debemos reírnos del pasado, ni de su tecnología trasnochada. Acabó la Segunda Guerra Mundial; nos adherimos al Progreso Tecnológico que trajo con el desarrollo de los primeros ordenadores (la lucha feroz entre la máquina Enigma nazi y la «Bomba», el computador descifrador del Servicio de Inteligencia Británico en Bletchley Park); con la Electrónica y los ordenadores los EEUU enviaron al primer hombre a la Luna. Satélites por todas partes. La Guerra Fría y el sistema antimisiles Star Wars de Ronald Reagan. El proyecto secreto ARPA-net y la aparición de Internet. La telefonía inalámbrica. El Wi-Fi. La inteligencia artificial y los supercomputadores. El progreso. El siglo XXI.

Ahora, mirando 20 años atrás, nos parece increíble haber vivido sin teléfonos móviles, redes sociales, sin Google Earth, y un sinfín de cosas de hoy. Nuestra fe en la Ciencia y la Tecnología (homo tecnologicus) nos hace creer que esa Tecnología es infalible, indestructible, eterna. Y casi que menospreciamos todo aquello que es anterior a la Electrónica. ¿Y si algo fallara? Hasta hace un año nos creíamos invulnerables a todos, y ahora, un microscópico «bicho» nos tiene a todos angustiados y boqueando tras mascarillas y sorteando un cambio tremendo en todo, un Cambio que saldrá en los libros de Historia. ¿Y si fallaran los satélites debido a una tormenta solar masiva? No hay que irse lejos: el evento Carrington (1859), la mayor tormenta solar registrada en tiempos históricos, provocó auroras boreales incluso en el cielo en Colombia. De suceder ahora, dejaría frito todo lo que hoy vuela por el espacio y freiría nuestras redes de transporte de energía eléctrica, transformadores, etc. O una guerra. Decía Albert Einstein: «No sé qué armas se emplearán en la Tercera Guerra Mundial, pero sí sé que en la Cuarta se luchará con piedras.»

Cuando yo aún era estudiante de Ingeniería, un profesor de 5º curso de carrera se le ocurrió hacer una pregunta: quiénes de los que estábamos en clase aún éramos capaces de hacer raíces cuadradas a mano, con boli y papel. Todos teníamos la famosa calculadora HP-48GX, un monstruo de su época (monstruo porque era de tamaño razonable, programable, y súperpotente. Un auténtico miniordenador, muy útil para ecuaciones diferenciales, estadística, matrices, etc. ¡Hablamos de 2002, antes de la Era Facebook y de la Era Smartphone!) (PD: yo aún sigo usando esa calculadora. 20 años de uso y como nueva). Éramos 200 alumnos en clase. Sólo uno levantó la mano (ejem: fui yo). La respuesta del profesor: «Con que haya uno, hay esperanza.»

Como dice Arturo Pérez-Reverte, los que se burlan de su sextante en su barco teniendo ahora a mano GPS y las app de los móviles para saberlo todo (T-O-D-O, al alcance de la mano) no son conscientes de lo frágil que es apostar T-O-D-O al hoy tecnológico, porque si eso falla, en un plis-plas pasamos del s.XXI (con sus viajes espaciales y todo) al s.XII (y si las cosas van mal, mal, a la Edad de Piedra). Por eso, aún hay que saber usar un teodolito sin GPS; o un sextante para orientarse por las estrellas; o un mapa de papel y una brújula.

Cosas sin pilas. Cosas sin energía. Cosas que son inmunes a las incertidumbres porque duran toda la vida, y son la base del T-O-D-O tecnológico del hoy.

Supongamos que eso sucede. La Hecatombe. ¿Qué conocimientos base necesitaríamos para restaurar cuanto antes la Época Tecnológica (digamos que al nivel de inicios del s.XX)

El Secreto del Acero. No tendremos máquinas si no tenemos metales. El horno Bessemer para la producción industrial del acero se inventó en 1851. Pero para hacer el primer horno a base de piezas, a lo mejor necesitamos Herreros, con sus fraguas. Hacerlas a mano. Carbón, hierro. ¿Cuántos herreros quedan en activo? (No vale los que salen en el programa Forjado a Fuego, que sí, a mí me encanta porque soy un arcaico)

La Energía Hidráulica. Esto es, los ríos en movimiento. Primero, para poder mover molinos (harina, pan), luego, quizás, para generar electricidad (con los secretos de los metales podremos hacer cables de cobre y bobinas)

-La Energía de Vapor. Quemaremos carbón, que está más a mano que el petróleo (carbón mineral, o carbón de encina), para mover artefactos, incluso vehículos (trenes, maquinaria de construcción). En 1814, George Stephenson construyó su primera locomotora, la Locomotion n.º 1. La máquina pesaba 6.6 toneladas, con muchos elementos, incluyendo la caldera, cilindros y ruedas, compuestos de hierro fundido, aunque el bastidor era de madera y alcanzaba una velocidad de 24 km/hora (el sistema Hyperloop que están desarrollando las empresas de Elon Musk prevé alcanzar 1200 km/h, pero todo tiene su inicio, ¿no?)

-La fuerza animal. Volveremos a tener (temporalmente) caballos y mulas, porque si no hay transporte mecánico, los necesitaremos. Para arar en el campo, y para correr de un lado a otro. Mulas y caballos y burros, aunque no encebros (una especie de asno a rayas, que se extinguió en España en el s.XVI)

El internet de la época volverá a ser la carta manuscrita. Volverán las diligencias y los carteros. De los museos a lo mejor podrían rescatarse las viejas centralitas telefónicas de clavijas, por lo menos que el Gobierno tenga un telefóno. (¿Os acordáis de los teléfonos de baquelita?)

-Las Matemáticas. Hombre, no digo que volveremos a la escritura cuneiforme ni a las cifras en latín, pero sí que regresará la regla de cálculo (ingenieros… ), y volveremos a emborronar cuartillas con números y fórmulas. Ahora, somos capaces de calcular cifras con millones de decimales de precisión. Tras la Hecatombe, nos bastará con llegar a una aproximación de uno o dos decimales (dejaremos los vuelos espaciales para los hijos de nuestros nietos). Y sobre todo, sabremos hacer integrales otra vez, y raíces, y sumar y restar y multiplicar y dividir… que ahora hay muchos que ya ni eso saben a mano.

Volveremos a las Bibliotecas. Las que queden, claro. Porque en ellas habrá libros con el conocimiento preservado en papel, que no entiende de escasez de energía ni de pilas (quien tenga un Kindle con millones de libros y una placa solar y sobreviva a la Hecatombe será casi Dios)

Miraremos de nuevo las estrellas. Lo mismo deja de existir la contaminación lumínica en las ciudades y pueblos, y sin móviles, miraremos otra vez hacia arriba, como está en nuestro ser impregnado desde hace milenios. Entenderemos las estaciones. Distinguiremos qué vemos. Tendremos un control del paso del tiempo. Sin bombillas ni red eléctrica, nuestra vida lo marcarán el Alba y el Ocaso del Sol.

No sé si tardaremos mucho en volver a volar. Pero navegar lo haremos en seguida. Para pescar, para el comercio. Usaremos de nuevo las cartas de navegación, el sextante y la brújula. Volveremos a ser fenicios.

-Copiaremos a los romanos. Las carreteras las mantendremos sin necesidad de los productos del petróleo, que ya no podremos conseguir en algún tiempo. Mortero de cal, piedras machacadas y paciencia, para que los caminos duren un par de generaciones.

-Habrá menos políticos (espero)

Hablaremos más (espero) y escucharemos más a nuestros mayores cuando nos cuentan cómo era todo Antes de la Hecatombe (espero). Volveremos a reunirnos alrededor del fuego.

Y seremos más humildes (espero).

NOTA 1: el Covid no es la Hecatombe, pero nos va a hacer replantearnos muchas cosas. Usad mascarilla siempre que podáis. Incorporad las rutinas de precaución a vuestro día a día. La vida sigue.

NOTA 2: Sí, en mi casa hay espada, escudo y casco. Soy arcaico, qué le vamos a hacer. Por si llega el s.XII.

Fdo: Blas Malo Poyatos, Granada a 19.10.2020

www.blasmalopoyatos.com

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