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Un emperador tartamudo un 25 de enero…

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El 25 de enero del año 41, después de una noche de terror que había comenzado con el asesinato del emperador Calígula, Roma despertó con un nuevo gobernante. Un nieto superviviente de Marco Antonio, y también sobrino nieto de Augusto. Enfermizo, tartamudo, cojo, asustadizo. Su madre le llamaba monstruo. Su abuela Livia decía que era tonto. Pues bien, ese 25 de enero, Tiberio Claudio César Augusto Germánico, conocido por todos como Claudio, fue reconocido como nuevo emperador del Imperio Romano.

¿Cómo pudo un romano tildado de medio hombre, menospreciado y ridiculizado, hacerse con máximo título de Roma? Por sus dos virtudes: su habilidad para ser considerado poco peligroso y su menospreciada inteligencia. Sobrevivió a las épocas de Tiberio y de Calígula, y las purgas y maquinaciones que ambos realizaron contra la clase senatorial y el ámbito de la propia familia imperial. De su abuela Livia aprendió a soportar la burla y el desprecio, y el odio, por sus imperfecciones físicas. Pero pronto despuntó su inteligencia, que no desaprovechó. Tuvo como tutor al historiador Tito Livio y estudió medicina, historia, griego, matemáticas y oratoria. Ni Augusto ni Tiberio le otorgaron nunca cargo de importancia, y él se dedicó al estudio académico. Pero a pesar del menosprecio de su familia, el pueblo romano le apreciaba. Quizás, justamente, porque no era como el resto de la familia imperial.

La noche del complot contra Calígula, el palacio imperial se convirtió en una ratonera llena de sandalias militares corriendo por los pasillos de mármol. No se sabe si Claudio estaba enterado de las intenciones del comandante de la guardia pretoriana, Casio Querea. En todo caso, ante los gritos y las voces que anunciaban un nuevo baño de sangre, corrió a ocultarse lleno de temor. Y temeroso de que Casio Querea quisiera proclamarse emperador exterminando antes a toda la familia imperial, Claudio se escondió donde pudo. Lo encontraron en una de las habitaciones escondido detrás de las cortinas y suplicando por su vida con frases tartamudas.

Poco podía suponer él que lo alzarían en hombros y el batallón que lo encontró se mofó de él nombrándolo emperador. Pero la mofa prosperó. Al día siguiente, contra todo pronóstico, Roma tenía un emperador tartamudo.

El escritor inglés Robert Graves escribió sobre una vida una novela que ya es inmortal. «Yo, Claudio». La podéis encontrar en nuestro catálogo.

https://www.edhasa.es/libros/554/yo-claudio

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