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El enigma de Porcia Maura

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En 1876 fue descubierto en la localidad de El Ejido (Almería) un pedestal romano con una inscripción:

“A Porcia Maura, su marido Lucio Pedanio Venusto y sus hijos Lucio Pedanio Claro y Lucio Pedanio Lupo pusieron este monumento, a la esposa inmejorable y á la madre piadosísima, dedicándolo con la celebración de juegos Circenses y habiéndoseles concedido este lugar por donación de la República (Murgitana).”

Es una de las escasas inscripciones que mencionan a Murgi, ciudad romana (actual El Ejido) poseedora de unas termas dedicadas, y según esta inscripción, también de un circo romano. Así, Murgi debía tener cierta relevancia, siendo además ciudad romana costera en el límite entre las provincias Bética y Tarraconense. ¿Cuál era la riqueza de Murgi? Su suelo fértil; la pesca y la salsa garum; y también, las minas de plomo y plata de la cercana Sierra de Gádor.

Según se recoge en la Revista de la Academia de la Historia, tomo LVII (1910),

“esta ara sepulcral de Porcia Maura, se encontró a doscientos metros de distancia del suntuoso enterramiento de una mujer, metida en ataúd de plomo, a unos cuatro ó cinco metros de profundidad; el cual, abierto, dejó ver un esqueleto de matrona romana, que estuvo ricamente ataviada, s¡ bien el ropaje se había consumido por la humedad. Encima de ésta cámara se hallaba otra vacía; y como su distancia hasta el punto donde apareció la presente lápida funeral no es muy larga, cabe sospechar que el sepulcro sobredicho fuese el de Porcia Maura.”

Pero lo más sorprendente es que según una carta del 1 de julio de 1909, dentro del sarcófago se encontró un ajuar en oro:

“Todos los lacetos aspados son de oro, como también el engaste de los collares, las anillas turquesas del collar interior y los tubillos, coronas y trozos que los unen, y sus anillas en lo exterior. Las sortijas son también de oro; y la señalada con ‘x’ terminaba en un camafeo en hueco, que representaba un busto completo. Todas estas alhajas se llevaron al Sacro Monte de Granada. Su peso equivaldría á unas cuatro mil ó cuatro mil quinientas pesetas en oro; pesando unas cincuenta y cuatro onzas en conjunto [NOTA: kilo y medio en total], incluyendo en el peso las piedras preciosas, algunas transparentes y de varios colores.”

Y para lo posteridad, quedó este tesoro quedó documentado con una fotografía única y excepcional:

¿Quién era esta murgitana, amada por su marido y sus dos hijos, que fue enterrada con este tesoro para la eternidad? El esposo y los hijos quisieron que nadie más disfrutara de sus ornamentos. El pedestal tiene una orificio superior, quizás para sujetar en posición una estatua sobre el pedestal. El pueblo recordaría los juegos celebrados en su memoria. Murgi recordaría su belleza o quizás sus actos de piedad, o su sonrisa, o su serenidad.

Ahora, casi 1800 años tras su muerte, poco se sabe de ella. ¿Dónde estás, Porcia Maura, natural quizás de Africa, de la provincia Tingitana al otro lado del mar? ¿Estás quizás, junto a tu última morada de plomo y tus collares, y tus anillos, en algún oscuro rincón olvidado de la Abadía del Sacromonte, en Granada que alguna fue Iliberis? Al misterio de tu vida se suma ahora el misterio de tu desaparición.

El pedestal se conserva actualmente en Málaga.

¡Salve, Porcia Maura! Y que la tierra te sea leve.

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